Edad: por su aspecto, pasados los cuarenta.
Identificación: kiosquero en Barcelona.
Diagnóstico: ¿desconfiado?, ¿con pretensiones de espía?, quizás sólo precavido.
Enfilé el Paseo de Gracia para
dirigirme al puerto, como me habían indicado en la oficina de turismo. No tenía
mucho tiempo para ver lugares, tampoco para comprar recuerdos. Pero igual que
en otras ciudades turísticas, encuentras postales, imanes o bailarinas de
flamenco en todas partes. Y en un kiosco del paseo vi una postal que me encantó. Tenía
que ser ESA. Así que me acerqué al expositor rotatorio, pero antes de cogerla
lo giré un poco para ver si había alguna otra que me gustara. Al querer moverlo
por segunda vez, vi que se resistía e, igual que en una película, me asomé al
otro lado. Allí, poniendo resistencia a mi visionado había un tipo: el
kiosquero. Cada vez que yo intentaba girar el expositor, él lo paraba. Era
imposible seguir mirando.
Antes de que el kiosquero entrara en acción, había visto un par de postales que me gustaron, pero sólo cogí la que había visto en primer lugar. Me había encaprichado. No gasté más.